viernes, 7 de agosto de 2026

Capítulo 3: ser y estar o parecer.

 Soy una persona alegre. Últimamente estoy algo triste. Parece difícil discernir entre ambas. 

También creo que a veces me autoanalizo demasiado. Ser introspectiva, estar rumiando y parecer absorta en ese estado me resulta cargante, así que he decidido comenzar una rutina que puede que me ayude a salir del bucle. 

Hace un mes y poco fui al médico y me recetó unas pastillas, creo que básicamente porque se las pedí. Algunos doctores son tremendamente pasotas. ¿Cómo puedes coger y dar una receta para un medicamento que modifica el cerebro y aplatana las emociones, solo basándote en una conversación de 15 minutos donde bien podría estar actuando e inventando cada palabra? Me refiero a que alguna base más tendrás que buscar, hablar con mi psicóloga o tomarme la tensión. Yo que sé. O quizás debería pasar la prueba del polígrafo antes de que me concedas la libertad de entrar en el país de las maravillas y probar un trocito de una seta. 

Porque siendo sinceros, y valga la ironía, podría ser una mentirosa, estar fingiendo y que pareciera a su vez todo lo contrario. 

Pero eso ya no importa, porque me he planteado la siguiente cuestión: ¿hasta qué punto quiero yo meterme mierda química en el cuerpo y generar una dependencia que ahora no tengo, sobre todo cuando los efectos secundarios son tan absolutamente desagradables? Y esto teniendo en cuenta que sí, efectivamente ando algo perdida últimamente y emocionalmente tengo picos bajos. Pues creo que no merece la pena.

Así que volviendo al inicio y a esa decisión con la que salgo del bucle: hoy por hoy va a ser que no con el tema de las pastillas. En su lugar voy a pensar conscientemente durante el día en las cosas que hago que me gustan, cambiando mi narrativa a una más positiva que me ayude a entender la vida como un episodio con sentido que me aporte tranquilidad. (si es que eso es posible, lo veremos próximamente. Hay que darle tiempo a ver si funciona. Empecemos por hoy).

Este mediodía he hecho una comida muy rica en poco tiempo y he podido dormir una siesta maravillosa, he trabajado y adoro lo que hago. Ahora voy a estudiar, y sé que se me hace algo cuesta arriba, sobre todo empezar a ponerme, pero también lo disfruto y tengo un objetivo para hacerlo así que eso es otra cosa que agradezco al día. Tener metas y esforzarme por alcanzarlas. También el estar con una persona con la que estoy feliz, a gusto, cómoda y tranquila. Valoro además del día justo este rato de escritura, permitirme reflexionar de cuando en cuando, y también salir de mi cabeza haciendo cosas. La vida es rara, pero en el fondo me gusta, así que como dicen: "A vivir.... que son dos días". 



viernes, 12 de junio de 2026

capítulo 2: consciencia y conciencia

Quiero tomar consciencia de muchas cosas, pero sobre todo quiero tener bien claro lo siguiente: llevo años -en el sentido literal de la palabra y del tiempo- apoderándome de mi voz, trabajando en la comprensión y regulación de mis emociones y asentando una base estable de autoconocimiento, autoconcepto y autoestima que creo haber creado de una forma bien sólida. Por esto quiero recalcar y subrayar que no todo vale, que da igual quién sea la persona, o lo mucho que la quiera. Hay límites que no se pueden sobrepasar si me pierdo en el camino a mí misma. Llevo meses con mucho machaque, en los que mi voz ha sonado bajita, en los que no me reconocía y en los que la culpa llevaba el timón de mis pensamientos. Y todavía hoy trato de deshacerme de esta sensación. Bueno. Es natural, porque baches los tiene todo el mundo. También entiendo las razones por las que he querido que otras voces se escucharan más que la mía, porque comprendo que tenía miedo de perder ciertos vínculos. Pasa una cosa, y es que cuando uno se mueve para no decepcionar al resto, o para que los demás estén cómodos, o para acallar una amenaza de ruptura de un lazo que se aprecia con fuerza, uno deja de ser uno mismo para convertirse en El Otro. Y eso no es justo. Y eso no está bien. Sobre todo cuando las exigencias al otro lado son tan irracionales y desconsideradas con uno mismo. Simplemente es inaceptable.

Así que llamo a mi consciencia y hago la siguiente declaración: 

<<No pienso dejar pasar una más. A nadie. Estoy harta de esas cosas. Estoy cansada de discursos bipolares que parecen ser banderas blancas pero están llenos de cuchillos encubiertos. Mis acciones, mis pensamientos, mis emociones... tienen valor y son buenos. La última vez que comprobé no soy un monstruo ni me muevo desde el rencor o la mala voluntad. Así que no. No voy a dejar de ser quien soy, y tampoco voy a ponerme a merced del viento (ni de nadie). No voy a permitir palabras fuera de tono ni reproches que no vienen a cuento. No le está permitido a nadie hablarme desde cualquier otro lugar que no sea el respeto. Yo lo doy, y a cambio solo espero un trato bueno. >>

Se me hace raro, por supuesto, ponerme tan firme. Me suena serio y rígido, aunque no en un sentido negativo. Creo que es necesario. Es crucial para hacerme ver y hacerme valorar ante personas que no están sabiendo verme ni valorarme, por mucho que me duela. 

Así que, en resumen: consciencia. Y la conciencia tranquila. Sin remordimientos. 

La conciencia es la capacidad humana de percibirnos a nosotros mismos, reconocer nuestro entorno y emitir juicios morales sobre nuestras acciones. Es el núcleo de nuestra experiencia subjetiva y nuestra "voz interior".

                                  

La conciencia consta de dos dimensiones principales: 

La psicológica (consciencia): es el estado de estar despierto ante estímulos externos, es el darse cuenta de la realidad y de los propios pensamientos en tiempo real.

La moral (conciencia): es la capacidad ética que nos permite discernir entre el bien y el mal y evaluar si nuestros actos son correctos. 

jueves, 11 de junio de 2026

capítulo 1: verano.

Empieza el verano a mediados de junio. Lo noto bajo esta falda larga, resbalando por mis piernas y deshaciéndose hasta entrar en mis deportivas blancas. La estación se condensa en pequeñas gotas de sudor que se adhieren a mi piel y no bajan de los 38ºC. Promete ser un verano de trabajo, con alguna escapada de fin de semana que tal vez alivie la sensación de rutina. Y tengo bien claro que necesito ambas. Si no trabajara no ansiaría el descanso, así como a mi juicio una vida completamente ociosa le restaría valor -quizás sin pretenderlo- al propio "no hacer nada". 
Así que el cielo ha cambiado sus colores, y yo intento hacer lo mismo. El verano siempre ha sido rumba catalana en la cabeza, sol y agua, viaje y alegría. 
Conviene recordarlo. A veces me siento mayor. Pero vamos, mujer, alegra ese pensamiento, que solo van 30 y quedan años por delante para curarte de culpas, decepciones y amargura. Madurar no es arrugar la frente, y sin duda tampoco es apagar el alma por reformas. Se puede vivir mientras se aprende, que a veces la vida es agria sí, pero no siempre y no todo dura eternamente. Hay que reír más y soñar más. Hay que disfrutar, carajo, que eres española y tu cultura por algo se encuentra entre las más simpáticas del planeta. Y no es por fardar, que el patriotismo nunca ha sido tu discurso, tan solo es un empujón en la dirección más conveniente. 
Morir lo haremos todos, vivamos pues como si fuera verano. 





Capítulo 3: ser y estar o parecer.

 Soy una persona alegre. Últimamente estoy algo triste. Parece difícil discernir entre ambas.  También creo que a veces me autoanalizo demas...