Quiero tomar consciencia de muchas cosas, pero sobre todo quiero tener bien claro lo siguiente: llevo años -en el sentido literal de la palabra y del tiempo- apoderándome de mi voz, trabajando en la comprensión y regulación de mis emociones y asentando una base estable de autoconocimiento, autoconcepto y autoestima que creo haber creado de una forma bien sólida. Por esto quiero recalcar y subrayar que no todo vale, que da igual quién sea la persona, o lo mucho que la quiera. Hay límites que no se pueden sobrepasar si me pierdo en el camino a mí misma. Llevo meses con mucho machaque, en los que mi voz ha sonado bajita, en los que no me reconocía y en los que la culpa llevaba el timón de mis pensamientos. Y todavía hoy trato de deshacerme de esta sensación. Bueno. Es natural, porque baches los tiene todo el mundo. También entiendo las razones por las que he querido que otras voces se escucharan más que la mía, porque comprendo que tenía miedo de perder ciertos vínculos. Pasa una cosa, y es que cuando uno se mueve para no decepcionar al resto, o para que los demás estén cómodos, o para acallar una amenaza de ruptura de un lazo que se aprecia con fuerza, uno deja de ser uno mismo para convertirse en El Otro. Y eso no es justo. Y eso no está bien. Sobre todo cuando las exigencias al otro lado son tan irracionales y desconsideradas con uno mismo. Simplemente es inaceptable.
Así que llamo a mi consciencia y hago la siguiente declaración:
<<No pienso dejar pasar una más. A nadie. Estoy harta de esas cosas. Estoy cansada de discursos bipolares que parecen ser banderas blancas pero están llenos de cuchillos encubiertos. Mis acciones, mis pensamientos, mis emociones... tienen valor y son buenos. La última vez que comprobé no soy un monstruo ni me muevo desde el rencor o la mala voluntad. Así que no. No voy a dejar de ser quien soy, y tampoco voy a ponerme a merced del viento (ni de nadie). No voy a permitir palabras fuera de tono ni reproches que no vienen a cuento. No le está permitido a nadie hablarme desde cualquier otro lugar que no sea el respeto. Yo lo doy, y a cambio solo espero un trato bueno. >>
Se me hace raro, por supuesto, ponerme tan firme. Me suena serio y rígido, aunque no en un sentido negativo. Creo que es necesario. Es crucial para hacerme ver y hacerme valorar ante personas que no están sabiendo verme ni valorarme, por mucho que me duela.
Así que, en resumen: consciencia. Y la conciencia tranquila. Sin remordimientos.
La conciencia es la capacidad humana de percibirnos a nosotros mismos, reconocer nuestro entorno y emitir juicios morales sobre nuestras acciones. Es el núcleo de nuestra experiencia subjetiva y nuestra "voz interior".
La conciencia consta de dos dimensiones principales:
La psicológica (consciencia): es el estado de estar despierto ante estímulos externos, es el darse cuenta de la realidad y de los propios pensamientos en tiempo real.
La moral (conciencia): es la capacidad ética que nos permite discernir entre el bien y el mal y evaluar si nuestros actos son correctos.